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El arbol y yo |
EL ÁRBOL Y YO Cuando me siento triste agarro un pedazo de petate viejo que tengo escondido en un cuatro pequeño hecho de madera con su puerta de carrizo y su techo de teja roja. El cuartito se encuentra a lado derecho de mi árbol y está lleno de cosas viejas, una pala mohosa, un pico grande, una barreta, un azadón y un baúl de madera tallada; en medio de la tapadera del baúl esta una rosa muy bien esculpida y a pesar de lo vieja que esta la madera se nota la hermosura de la rosa. En el baúl esta las cosas antiguas de la abuela, una muñeca de madera de ojos negros como la abuela y creo se parece a ella. Un jarrón, unas cucharas y cuchillos de palo que por cierto muy bien labrados. Al abrir el baúl mi pedazo de petate viejo cubre todas las cosas. Saco el pedazo de petate viejo y corro hacia mi gran árbol frondoso, El árbol se encuentra al fondo de una esquina del patio de atrás de la casa, cuando lo observo sé que ve imponente el árbol, su majestuosidad se nota en toda la región como si fuese el rey de todos los arboles. Sus ramas densas salen por encima de la barda de tabique que circunda la casa de la abuela. Los transeúntes cuando caminan no dejan de admirarlo quedan anonadado por la belleza sublime que posee mi gran árbol. Pongo en el suelo el pedazo de petate me acuesto viendo hacia arriba y empiezo a platicar con el árbol y sus ramas y les digo… -Hola- Me contestan, el árbol y sus ramas suspirando me preguntan: -No lo sé, me duele aquí, en el alma- -Ven vamos a jugar-me dice mi árbol: Después baja sus ramas y me haces cosquillas, no quiero sonreír, él y sus ramas insisten en que les regale sonrisas, me estimulan para ver me feliz. Sus ramas están formadas como peldaños de escaleras que mi instan a que me suba al árbol y lo explore. A veces siento que me abraza y absorbo su energía como si fuese el calor de papá o mamá, me siento amada por mi árbol. Las ramas se juntan hasta formase columpios, o hamacas, me subo a ellas y me mecen. Puedo ver lo azul del cielo y siento que hablo con mi Dios Jehová. Arriba sus ramas se entre lazan formado una casita, ahí puedo esconderme por horas y horas, nadie me encuentra. Los pájaros gorjean, el viento susurra meciendo sus ramas y ellas me arrullan hasta quedarme dormida. Al estar dormida sueño con mi árbol y juntos volamos a mundos ignotos, recorremos lugares recónditos llenos de nieve, algunos están repletos de pinos y su olor invade todos mis sentidos también visitamos lagos, ríos, mares y siento la brisa humedeciendo mi cara. Al sobrepasar las nubes, se empieza a sentir el frío, sus ramas me envuelven y me ciñen más hacia su tronco. Siento su calor y la energía de su amor. Mi árbol me canta, me susurra melodías estrambóticas, y me cuenta cuentos estrafalarios, después de haber curado mi dolor me va soltando despacito hasta dejarme en el petate que esta sobre el suelo y me dice: -no moriré hasta que tú mueras.- -sonrío y le musito: -te amare toda la vida- Volteo la cabeza, y en su follaje veo caer gotas de rocío resbalándose en sus ramas y sonriente me vuelven a decir: -Mi dulce niña vuelve a mí cuando quieras.- Volteo y le digo:-¡Volveré lo sé, volveré!- Me contesta: -¡Te esperaré; toda mi vida!
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